Alma venezolana en Barcelona

rincon_abuela_venezolanaNuestros vínculos familiares están íntimamente asociados a Venezuela por raíces familiares y años vividos con intensidad en el país para contribuir con nuestros esfuerzos a poner un granito de arena en el desarrollo de la gastronomía hasta que la prudencia, ante la radicalización de los acontecimientos políticos, invitaban a abandonar una patria amada en la que a pesar de los pesares vivimos y sentimos lo que es la felicidad. Fuera o no acertada la decisión, la tomamos.

El viaje de la vida nos alejó de Caracas, primero a una distancia corta que admitía regresos y en donde era posible reproducir con cierta facilidad el modo de vida venezolano en la mesa y con aquella manera tan única de saber vivirla con plenitud e intensidad.

Pasados los años el charco se convierte en una distancia considerable y recuperamos las maneras y costumbres de las raíces catalanas. En el hogar se mantienen con frecuencia semanal alguna noche o desayuno con Arepas de “Reina Pepiá” y pernil, caraoticas negras con queso, una que otra empanada esporádica y, sin darnos cuenta, el libro Rojo de Don Armando Scannone queda abandonado en la librería y la cotidianidad culinaria vira hacia el pà amb tomàquet con jamones y embutidos, las paellas, rostits, escudella i carn d’olla  y otras maravillas de este rincón del mundo.

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Tequeños acompañados con guasacaca, salsa picante y salsa dulce, juguito de guanábana y papelón con limón

Quizás este abandono del ají dulce, la tajada, el queso telita, el parguito o la punta trasera, la guayaba y la guanábana, el perol y la paila haya formado parte de la compleja forma en la que los humanos peleamos por mirar pa’alante cuando una realidad amada tuvo que ser abandonada por decisiones racionales y no del afecto…

Será por eso que teniendo información de la existencia de El Rincón de la Abuela Venezolana desde hace meses, existen desde 2006 en Barcelona, tardamos tanto en acercarnos, motivados por lecturas recientes como la del gran Sumito Estévez en su morada en la Isla Margarita, por salivar ante las propuestas de amigos como Enrique Limardo y Federico Tischler que uno sigue por Facebook, por añoranza del grupo inmortal de “malajuntas” que teníamos en Caracas con Carlos García, Alejandra, Paul Launois, Ana Belén Myerston, Héctor Romero y compinches de tantas fechorías como Jordi Miró, Rafa Egañez o Andrés Benacerraf que sí o sí tenían una mesa como territorio de expresión de la amistad…. muchos más nombres brotan en el alma en este momento, el texto sería inacabable pero ahí están.

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Empanada rellena de guiso de pollo con queso amarillo y salsa picante “de pique y repique”

Que bien hacen las cosas en El Rincón de la Abuela Venezolana para lograr sacar estas palabras después de una digestión tan feliz de quien se niega a la nostalgia y a girar la cabeza a fechas pretéritas del calendario porque en realidad soy  un sentimental incorregible.

Hoy marcamos en la historia de nuestra familia el primer día de la nueva ecuación a la que nos enfrentamos como Venezolanos exiliados de la Venezuela que ya no es de todos, aceptamos una nueva condición después de la calidez de unos Tequeños que recordaban a los de las grandes fiestas de La Esmeralda, la empanada más maravillosa que he comido en años con una masa con secretos para enredarnos en su seducción y fritura de escándalo para desempolvar tantos desayunos en El Hatillo y Las Mercedes.

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Hallaca navideña “king size” para decir que es tan buena como las de mi mamá

Una hallaca imperial que nos puso la mesa de Navidad en Santa Inés y La Tahona en un mes de marzo y que compite con las de mi suegrita y un Pabellón Criollo escrito sobre el plato con letras de oro con una carne mechada que era cabello de ángeles y recordaba la mesa para todos y los que vengan sin invitación con la que nos recibía mi suegro Humberto en su patio andaluz con un “guarapo” escocés de 18 años bien servío en las rocas, con agua Perrier, protegido con servilleta y el dedo índice como mezclador, tal y como mandan los cánones.

De regreso a la casa convenimos por unanimidad que queremos repetir como mínimo una vez al mes, ¿o era cada dos semanas?

En palabras de Selvita, que ahora cumple los 15, al comer el tequeño se sintió como el malvado crítico gastronómico Anton Ego cuando probó el Ratatouille de su infancia dorada. En las mías, al compartir este texto a la familia antes de que dejara de ser íntimo, no pude reprimir unas lágrimas al leer la palabra “exiliado”.

El Rincón de la Abuela Venezolana fue hoy un portal a esa dimensión donde los nudos y ataduras de lo sentimental jamás se pueden borrar, estaba todo ahí, a un solo mordisco de distancia.

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OH CAPITÁN, MI CAPITÁN, ESTO ES EL PABELLÓN CRIOLLO: Guiso excelso de Carne Mechada, Caraotas negras con queso, tajada de plátano, arroz coronado con huevo frito, aguacate y Arepa frita
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